viernes, 13 de mayo de 2011

Crónica / SIN LUZ EN EL CAMINO

Un verdadero Apocalipsis se paseaba por las calles de Caracas

Metro de Caracas

SIN LUZ EN EL CAMINO


En la actualidad todos pasamos cientos de horas al año frente a la computadora, ya sea por motivos laborales o por vil y común divertimento.  Sea cual sea tu situación no tiene nada malo. Sin embargo, cuando estas ahí, sentado frente a la pantalla, jugando a perseguir las teclas del teclado e inesperadamente todo se pone negro y deja de funcionar, sabes que algo anda mal y que es posible que se ponga peor. 


Alguna expresión arriesgada del castellano puede acompañar tal suceso, pero nada te preparará para lo que tienes que vivir si tienes que salir a la calle en medio de un corte eléctrico. Como ya es costumbre para muchos venezolanos otra falla en el sistema eléctrico afectó a la Ciudad de Caracas, como no es la primera vez que sucede, es muy posible que puedas imaginar como uno a uno van colapsando los complejos sistemas que controlan la ciudad.

Uno de los más afectados es el control del transito, por ser esta un metrópoli de grandes envergaduras,  existen millones de semáforos que de manera infatigable intentan poner un poco de orden en el neurótico caos que nos afecta en las denominadas horas pico.

Imagínate entonces, que estos señores multicolores dejaron de funcionar con toda lógica el día que Caracas quedó sin luz, así como también los hizo el sistema de trenes subterráneos, que alivia la congestión sobre la superficie.

Ese día tuve más suerte que algunos, pues todo lo que viví lo hice desde el carro y en plena calle. Si es cierto, dure horas estacionada, sin más remedio ni consuelo que aceptar la realidad, pero otros si se las vieron verdaderamente negras. Muchos ni si quieran lograron salir de los estacionamientos donde se encontraban sus automóviles,  pero sin lugar a dudas lo más afectados fueron las personas de a pie.

Y literalmente a pie andaba la gente ese día, miles se lanzaron a las calles, sin perdonar vías rápidas o los estacionamientos improvisados de carros que se encontraban en ellas, canales completos de las vías eran ocupados por transeúntes, marchaban unos detrás de otro, más rápido o lento, resignados o molestos, grandes y chicos, todos por igual tal cual legiones romanas caminaban con el único objetivo de llegar a casa.

El transporte colectivo también disfruto de espectáculos de abarrotamiento y caos, ni un alma más cabía en el autobús que se encontraba al lado de mi carro, eso era un sauna sobre ruedas, manos, espaldas, brazos, cabezas, maletines, chaquetas, carteras, todos por igual formaban un collage de formas dentro de ese transporte humano, por eso tales imágenes aseguro o que corrí con mejor suerte que  muchos. 

Mujeres llevaban los tacones en las manos y descalzas barrían el piso, padres llevaban a sus hijos sobre hombros, alguno que otro sentado, descansaba en la orilla de la acera y otros guindaban apenas agarrados con una sola mano de la puerta del autobús.
Un caos propio de un verdadero Apocalipsis se paseaba por las calles de Caracas, en unos casos resignado y en otro maldiciendo, a veces iba acompañado como creando aventuras en una selva de cemento, a diferencia de otros momentos donde desorientado repetía los pasos de quien llevara al lado.

Un Apocalipsis para muchos, provocado por pocos. Pocos que no tienen nombre, porque en alocuciones y declaraciones se quitaron las culpas, y las repartieron entre los cuarenta años de democracia que según ellos causaron todos los males que después de 12 años siguen afectando a todos.

Vídeo Aficionado
Caos en el Metro de Caracas durante uno de los apagones en la Ciudad de Caracas   



martes, 26 de abril de 2011

Escenarios


“Cualquier espacio vacío se puede tomar 
como un escenario.”

       Peter Brook (Londres, 1925) es un reconocido director de teatro, películas y ópera. Además es uno de los directores más deslumbrantes e influyentes del teatro contemporáneo. En cuanto al manejo del espacio escénico es considerado un verdadero genio. Su nociones del ESCENARIO van mucho más allá de un espacio, rompe las barreras de lo físico y abre un mundo de posibilidades a nivel psicológico que le permiten al espectador involucrase con el universo de los personajes, vivir, respirar, pensar, actuar, jugar y cuanto verbo ejecute el dramaturgo, junto a ellos.

Justamente la  audacia de sus conceptos son los que  nos permiten hacer un paralelismo entre el arte de la escritura en general y el arte del teatro, ambos comparten el tesoro más sagrado de la comunicación humana… la PALABRA
Hace cuatrocientos años le fue posible a un dramaturgo presentar en abierto conflicto los acontecimientos del mundo exterior, los procesos internos de hombres complejos, aislados como individuos. El drama era exposición, confrontación, contradicción que llevaba al análisis, al compromiso, al reconocimiento y finalmente a despertar el entendimiento. El autor tenía un objetivo preciso, humano y social que era el motivo de su búsqueda temática, el motivo de la investigación de sus medios de expresión, el motivo para escribir teatro. Si partimos de la premisa que un escenario es un escenario, la palabra dicha en ese escenario existe, o deja de existir, solo en relación con las tensiones que crea en dicho espacio y dentro de las circunstancias determinadas de ese lugar.
Este hombre fue William Shakespeare, escritor como ninguno, la palabra era una extensión directa de su imaginación, capaz de crear los más grandiosos e inverosímiles escenarios. Su dominio era tal, que cualquier espacio vacío se trasformaba con un parpadeo en un escenario de palabras. Por ende no resulta más obvio otorgarle a las palabras un espacio como este,  donde tomen vida… Escenarios donde se desplacen a diestra a siniestra, donde se retuerzan, se reproduzcan, se sometan, se expandan y maduren. Darles un espacio donde un cenital las bañe con la luz de la crítica y el entendimiento, un lugar donde rompan los límites entre la vida y la muerte, logrando así la eternidad… Eternidad en la que por siempre vivirá su creador.